Sobre mi obra


      Aunque mi gusto pictórico es extenso y abierto, puestos a acercar mi pintura a algún estilo concreto, diré
que actualmente me valgo del realismo contemporáneo como vehículo de comunicación más identificable, pero sin dejar de lado otras influencias de corrientes cercanas a él, de las que tomo y conjugo con versatilidad. Así el luminismo  es la tendencia dominante en mis obras. También algunas de mis pinturas pueden verse influidas por el simbolismo europeo, el preciosismo...
      El paisaje, ya sea rural, urbano, de naturaleza o monumental es el protagonista principal, casi único en mi obra, dejando prácticamente de lado la figura humana. Me interesa ese lugar lleno de quietud, ausente de paisanaje, y que él mismo, como espacio, sea dueño del instante. Busco incansablemente los sitios iluminados en un día de cielo raso, donde la luz solar arrojada sobre la vegetación, o sobre el suelo, o contra un lienzo de pared, haga simbiosis con la sombra que la espera, y que hace que la una no pueda existir sin la otra.
      Normalmente predomina en mi obra la pincelada detallada y minuciosa, dibujística diríase, tal vez heredada de mi época dedicada a la ilustración y a la viñeta.
     Intento ser fiel a esa “realidad aparente” que es la cromática dada por la luz. Hacer que los verdes sean verdes sin serlo, siendo rojos, negros, marrones..., que el blanco sea blanco gracias a sus matices, o que el ocre del suelo se envuelva a su vez en gris, o en rosa, o en amarillo...
     Admiro a un vasto número de maestros, especialmente del paisaje del finales del siglo XIX y principios del XX, como Gaspar David Friedrich, o nacionales como Emilio Sánchez Perrier, Ricardo López Cabrera, Carlos de Haes, Rafael Latorre, a Mariano Bertuchi, M Fortuni, Joaquín Soroya..., artistas contemporáneos como Jaime Avilés, Antonio López, algunos de ellos jóvenes promesas, como Tomás Santos, Jorge Gallego, Irene Cuadrado; Antonio Barahona, los estadounidenses Dave A Santillanes o Kathleen Dunphy...; intentando aprehender características de cada uno de ellos.
    Comprometido espiritualmente con la Realidad Superior, y consciente de que trabajo en base a una “re-presentación” de lo mostrado en la Creación, diríase que “re-presento” lo aparente, utilizando-en base a nuestro tiempo- el naturalismo realista como excusa para hablar a través de mis pinturas. Por eso, y con la intención de hacer de la Unidad pura y esencial la principal meta, no me cierro a la idea de desembocar (tal vez) en un futuro, en otros lenguajes pictóricos, donde pueda extinguir mi etiqueta-arduo propósito éste- de individuo-artista-ego, para convertirme en un simple conducto entre el verdadero Creador y la “re-presentación” de lo creado (que no por mí).
    Mi propósito es activar una respuesta emocional, si acaso supramental, no dada necesariamente por la imagen re-presentada, sino por la envoltura telúrica, de belleza y de sensaciones emotivas que capto en ese momento y lugar (tiempo-espacio) y que intento apresar en mi pintura, aparentemente hierática, detenida, si acaso algo fotográfica pero que, para aquel que observe con sensibilidad y con sentimiento profundo y aperturista, sin ser siquiera un experto en arte, descubrirá ese instante activo y vital, casi místico y mítico que da el lugar y el momento, si es consciente de ello.